John Mayall (1933-2024). Muere el hombre que fue blues

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«John Mayall nos remite a otra época en que el valor de la música se medía más en emociones a flor de piel que en transacciones económicas o valoraciones en redes sociales»

 

Con la muerte de John Mayall perdemos no solo al patriarca del blues británico, se va también uno de los músicos más genuinos de la escena del rock. Luis Lapuente lo despide.

 

Texto: LUIS LAPUENTE.
Foto: DAVID GOMEZ (JohnMayall.com)

 

Con 86 años cumplidos y sesenta y dos álbumes editados a su nombre, John Mayall mantenía justo antes de la pandemia una energía y una vitalidad pasmosas, como si se hubiera propuesto demostrar a sus contemporáneos blancos (los negros ya lo saben) que el blues es una música inmortal, intemporal, casi inmaterial, un género que acuñó y alumbró en la vieja Europa al frente de sus legendarios Bluesbreakers (donde tocaron, entre otros, Eric Clapton, Peter Green y Mick Taylor), que culminó tras empaparse de la cultura estadounidense con álbumes magnéticos como Blues from Laurel Canyon (1968), The turning point (1969), Back to the roots (1971), Jazz blues fusion (1972) o New year, new band, new company (1975) y que siguió cultivando con la pasión del debutante hasta que una neumonía le obligó a interrumpir la que sería ya su última gira europea, en octubre de 2019.

Aún le quedarían fuerzas para actuar en Pasadena en enero de 2020 y publicar un último single en noviembre de ese año, uno de título revelador, “I am as good as gone”(“Es como si me hubiese ido”), formidable versión de una vieja canción de su admirado Bobby Rush, con participación estelar de Buddy Miller en las guitarras y él mismo en el Hammond B3.

Estábamos esperando la noticia, conscientes de que la salud del patriarca del blues británico se había deteriorado desde entonces, pero su muerte de alguna manera nos pilla con el pie cambiado, nos recuerda que el viejo bluesman ya no volverá a grabar ni a pisar el escenario, nos remite a otra época en que el valor de la música se medía más en emociones a flor de piel que en transacciones económicas o valoraciones en redes sociales. «Nunca tuve un éxito, jamás me han propuesto para el Rock and Roll Hall of Fame y solo una vez me nominaron para los Grammy. Soy una especie de figura subterránea, excepto para los amantes del blues, que siguen mi carrera desde el principio», dijo una vez Mayall, y así fue.

Nacido en Manchester el 29 de noviembre de 1933, John Mayall se graduó en una Escuela de Arte (la Junior Art School de Manchester), donde aprendió dibujo y diseño gráfico. «A los 15 años empezó a trabajar, primero como empleado de una agencia de publicidad local y luego como diseñador de escaparates de los almacenes Kendals. En sus ratos libres aprendió a tocar el piano, ensayando en la sección de música de la tienda, y con sus primeras pagas se compró un pequeño tocadiscos y siguió alimentando su discoteca particular con preciados singles de jazz y blues, que atesoraba en cajas en la primera de las casas que se construyó en la copa de un árbol justo detrás del hogar familiar, una casita de madera tapizada por dentro con sus dibujos y preparada para escuchar jazz y blues y relacionarse en privado con sus amigos y sus novias, una de esas excentricidades que nunca dejarían de seducirle, casi tanto como hacerse con raras copias de discos de blues, que muchas veces encargaba por correspondencia a vendedores de Estados Unidos», contábamos hace meses en un extenso artículo publicado en Cuadernos Efe Eme 27.

Apadrinado por Alexis Korner en sus primeros años como músico en Londres, Mayall cobijó en su seno a músicos inmensos como Dhabi Graham, Sammie Prosser, Bernie Watson, John Gilbey, Roger Dean, John Slaugther, John Weider, Jeff Kribbit, Eric Clapton, Peter Green, Mick Taylor, Jerry McGee, Jon Mark y Harvey Mandel (guitarristas), John McVie, Jack Bruce, Ricky Brown, Peter Bufford, John Bradley, Paul Williams, Keith Tillman, Andy Fraser, Tony Reeves, Larry Taylor, Steve Thompson, Victor Gaskin (bajistas); Sam Stone, Keith Robertson, Brian Mayall, Ginger Baker, Peter Ward, Martín Hunt, Hughie Flint, Micky Waller, Aynsley Dumbar, Mick Fleetwood, Keef Hartley, Jon Hiseman, Colin Allen, Ron Selico, Paul Lagos (bateristas); y Alan Skidmore, Nigel Stranger, Rip Kant, Chris Mercer, Dick Heckstall-Smith, Henry Lowther, Don Sugarcane Harris, John Almond, Fred Robinson, Blue Mitchell, Red Holloway y Clifford Solomon (metales y otros instrumentos). Artistas que luego integrarían bandas tan importantes en la historia del rock como Cream, Blind Faith, Fleetwood Mac, Family, Juicy Lucy, McGuinnes-Flint, The Mothers of Invention, Canned Heat, Free, Keef Hartley Band, Mark-Almond, Colosseum, The Rolling Stones o West, Bruce & Laing.

En 1966 publicó al frente de su banda el extraordinario Bluesbreakers with Eric Clapton, genuina piedra fundacional del blues y el rhythm and blues británico, que él mismo robusteció en las sucesivas reencarnaciones de sus Bluesbreakers. Luego se trasladó a California y desde allí siguió facturando discos maravillosos enraizados en el viejo blues o el soul o el funk aliñado de country blues soleado. Nunca dejó de derramar su talento en giras por todo el mundo ni abandonó su costumbre de coleccionar y escuchar discos de blues con la voracidad del viejo converso. Desde el inicio de la pandemia del Covid 19 se recluyó en su hogar de Beverly Hills, donde se instaló con su segunda esposa tras el incendio que destruyó su casa de Laurel Canyon.

Sus allegados comentaban en los últimos meses que Mayall toleraba muy mal no poder actuar en directo, y todos los días, cuando veía a su hijo por la mañana, le repetía como un mantra: «I wanna play…».

«Quiero tocar…», porque el blues nunca descansa, nunca duerme.

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